A veces una tiene la suerte de tener “personas puntal “en la
vida. Personas pilares. Y aunque a veces el pudor, la vergüenza, o la timidez
impidan que te desnudes frente a ellas, que le muestres la realidad en la que
vives con todas sus letras y todos sus colores sientes que desde la lejanía y
las medidas tintas están en tu sintonía, comprenden tu silencio y tu sufrir y,
sin ningún tipo de pudor preguntan ¿en qué dictaduras estás viviendo tu?
Por esas personas puntal a las que no te atreves contarle de tus
dictaduras. De esas internas que te amarran, que te encogen el corazón, que te
colonizan el pensamiento y nublan la vista, y muchas veces la razón. Por esas
puntal que también viven dictaduras y no rompen el silencio. Al fin y al cabo,
uno de los principales aliados de las dictaduras es el miedo. El miedo a dejar
de vivir igual, miedo al cambio, miedo a perder. Habrá que seguir luchando,
como se hace en la lucha canaria, sin poner las manos en el suelo, con nobleza,
para que no ganen ni los miedos ni las dictaduras. Que no nos amonesten por
pasividad en la brega.

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