Ahora que los apuntes están archivados. Ahora que se cierra un ciclo escolar de intenso aprendizaje. Ahora que toca continuar la vida con lo aprendido. Ahora vuelvo a pensar en eso que retumbaba en mi interior después de una clase intensa, de una conversación interesante o la inmersión en unos apuntes. Ahora vuelvo a pensar en la coherencia. La coherencia entre el discurso y la praxis. Entre lo que digo y lo que hago. Entre lo que creo pensar y lo que verdaderamente muestro. De qué me vale teorizar sobre la integración si sigo enajenando al otro, a la otra. De qué me vale hablar de solidaridad, de comercio justo, sino mido, ni pienso qué consumo y qué no. De qué vale transformar el conocimiento si perpetuamos nuestro modo de vivir. Será que esto de educar la mirada y la acción para que vayan en sincronía es un proceso lento pero, debe ser constante, y sobre todo real, verdadero, honesto.Sigo queriendo ser coherente y no sólo en los aspectos profesionales que me tocan más de cerca, sino en mi vida. Ser coherente aunque el precio me cueste caro. Quiero armonizar esta danza entre el pensamiento y la acción. Y aunque aquí acabe un curso, un máster, el reto continúa, poniéndome a prueba diariamente, difícil pero, prefiero la dificultad a la comodidad. Me decepcionaré conmigo y con el mundo, no por ello puedo dejar de intentarlo. En el mundo, con el mundo, con coherencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario