
Y no siento tristeza. Pero sí nostalgia. Y no se bien de qué. A veces retumba el verbo "echar de menos" y otras tantas "olvidar". Y quiero encontrar y poder contener el deseo. Y dejar de preguntarme si soy yo o son los otros. Si son mis ojos o son los de los demás. Y dejar de reconocerme intranquila, vigilante, atenta, extraña, a veces incómoda. Y vuelven los interrogantes, el movimiento rápido y constante de la rodilla flexionada, los nervios en el estómago, los pájaros en la cabeza, las ganas de sures, de mares, de sueños. Y vuelvo a pensar en la ética, el pensamiento, la palabra, la acción. Me siento ahogada y liberada. Atascada y en camino. Serena y nerviosa. La de siempre y completamente distinta. Sigue el golpe continúo del pie sobre el suelo. Sigue la intranquilidad que nunca en este paraíso se va.
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