lunes, 28 de mayo de 2012

Reflexiones a la distancia

Me han puesto en medio de una explicación un ejemplo sobre lo que produce una gallina. Al contrario de lo que pudiera parecer, este ejemplo no consiguió centrar mi atención, sino que la desvió. Y ahora explicaré por qué.

Sin duda la distancia hace que veamos las cosas de distinta manera a como está acostumbrada nuestra retina rutinaria. De manera que desde lejos, a veces, aprendemos a valorar aquello que en la cotidianeidad nos pasa desapercibido.

El ejemplo de lo que puede llegar a producir una gallina ecológica, me hizo pensar que no todo el mundo podría entenderlo. Y mi mente, como a veces hace, viajó a un pueblo pequeño, algunos dicen que perdido en el atlántico. Un pueblo de unos 5.000 habitantes, en el que muchas veces parece que ha adoptado el color gris de la nube que lo corona. Volví a tener 8, 9 ó 17 años. Volví delante del gallinero de mi padre, me sitúe como cuando era niña y directamente hablaba con las gallinas con la intención de presionarlas para que pusieran huevos. Sonará a locura pero, era mi forma de conseguir a la semana 200 ó 300 pesetas si conseguía vender los huevos. Mi conversación desatinada, más que un ataque de locura, era una estrategia de negocio. Volví a tender la ropa con mi madre en la azotea, y a comunicarme con mi amiga del colegio a través de gritos. Volví a las tardes jugando en las huertas, a veces acompañada, a veces sola, a veces con mi perro. Volví a aquella época adolescente sentada en la aljibe de mi abuela donde el horizonte respondía con silencios mis preguntas. Volví a mis 17 años, experimentando el dolor de las partidas de quienes más quiero. Y volví a las reflexiones que me dejaron éstas partidas: el valor de la humildad, el valor de la entrega, del silencio, de la constancia, del esfuerzo.

Hoy volví a darle valor a algo que valoro mucho y que demuestro poco: mi familia, mi pueblo, mi gente. La gente humilde que crea con las manos, que borda el arte con una aguja, que alimenta a una familia surcando, arando. La gente que entiende a los animales porque los cría, los mima. La gente que es constante a una siembra, una vendimia, una pisa, un embotellado. La gente que se une y se reúne, que mantiene vivas las costumbres, que adorna las calles y las hace fiesta. Hoy volví al origen sin retroceder, volví para darle valor, para reconocer quién soy, de donde vengo y la suerte que tengo.

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